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¿Cómo vas a preparar tu piel para el sol?

Te vamos a contar el secreto: simplemente con una buena exfoliación. ¿Y cómo se hace? ¿Qué productos son los más adecuados? ¿Se puede hacer en casa o es necesario acudir a un centro de belleza? ¿En qué casos está contraindicada? Tranquila, que te desvelamos a continuación todas estas inquietudes que tienes y algunas más.


La piel se renueva aproximadamente cada mes de forma natural. Lo que ocurre es que día tras día se van acumulando en su superficie células muertas junto a impurezas, y es necesario eliminar esta capa sobrante para que la piel nueva que se forma debajo pueda salir a la luz. La exfoliación es el cuidado que lo hace posible.


Sin embargo, mantener al día la renovación celular cutánea no es el único motivo por el que utilizar un buen exfoliante. También conviene hacerlo con anterioridad a cualquier tratamiento de belleza y, sobre todo, como paso previo a la exposición solar. En este último caso, su acción ayudará a la piel a producir un bronceado saludable, bonito y duradero.


Mujer tomando el sol en una tumbona junto a la piscina

La exfoliación puede ser química o física, según el agente que se utilice. La química consiste en aplicar a la piel sustancias que, mediante mecanismos enzimáticos o pH ácidos, atacan las uniones de las células superficiales de la piel y hacen que se estas se desprendan. En cambio la exfoliación física se sirve de partículas que provocan el desprendimiento de las células muertas gracias a una acción mecánica, como es frotar.


También hay dos variedades en función de la zona donde se realice. Así está la exfoliación facial, que suele ser suave y permite limpiar las impurezas y acabar con las células muertas del cutis, mejorando como resultado el aspecto visual del rostro, y la corporal, más vigorosa y con la que se renueva la epidermis, se mejora su aspecto y se facilita la penetración de otros productos cosméticos, como son los anticelulíticos y autobronceadores.


LA TÉCNICA CONTADA PASO A PASO

1. Puedes exfoliar la piel de tu cara y tu cuerpo de dos formas: a diario o una vez a la semana. En el primer caso, será el punto de partida de tu rutina diaria de belleza, y el exfoliante debe incluir ingredientes activos menos agresivos que los semanales, como por ejemplo enzimas de frutas o un porcentaje más bajo de AHA. La idea es que elimine con suavidad las células muertas de la superficie de la piel y que se pueda aplicar en cualquier tipo de piel.


2. En el caso de la exfoliación semanal, se suele emplear un producto más intenso, que ayudará a homogeneizar la piel y a prepararla para recibir los tratamientos hidratantes, reafirmantes, nutritivos o del tipo que sean posteriores.


Eso sí, hay que tener en cuenta que esta es una pauta general, y que por ejemplo lo más recomendable en las pieles más sensibles es hacerlo cada 10-15 días. Igualmente, las pieles muy grasas llegan a admitir hasta dos exfoliaciones fuertes por semana.